viernes, 15 de febrero de 2008

Agendas 2008

Tal vez era la lluvia, la llovizna incesante, molesta, continua, la que la llevó a encarar al chofer del interno 47 de la 12.
Ya no tenía mas ganas de vender agendas y recién eran las 8.30 de la mañana.
Y le contaba, desde su jean ajustado y sus enormes caderas casi deformes, que él la había dejado y lo único que no se había llevado era el televisor.
El chofer le oteaba el escote generoso desde el espejo y le sonreía, acotaba que por lo menos no se aburría y veía un poco la tele.
Ella le explicaba que la mejor hora para lo de las agendas era la tarde pero hoy, sólo andaba con unos mates encima nada más.
Un pasajero comentó por lo bajo - igual kilos no te faltan - mientras ella le dejaba sus datos al chofer "por las dudas, viste".
Bajó en Constitución y cuando casi arranca el bondi, ella retrocede y le regala un agenda.
Un pasajero bufa "otra vez la gorda".
Y ella se pierde en la multitud, los jeans ajustados, las caderas enormes y el pelo largo suelto, esperando, quizá ,el llamado de su jinete urbano.