martes, 2 de febrero de 2010

Crónica urbana

38° de térmica.
Subte D. Demora. De la negra boca del túnel sale el tren. Humanidad desbordante. Me decido a entrar. El antropólogo lee un libro de etnografías de futbol. Dos rugbiers comentan cosas de su equipo. Todos hieden. El olor se me hace insoportable. Alguien desayunó cebolla o cenó y no digirió bien, no importa. El olor. Siento que me entra por la nariz, por las orejas, se me pega, me sigue, me marea. El subte va a paso de hombre. Me molestan sus conversaciones, los celulares, la pasividad. Y el olor, fundamentalmente el olor.
Florida se me presenta como una bocanada de aire puro y finalmente entre vendedores ambulantes y oficinistas entro al yugo como todos los días.