jueves, 29 de septiembre de 2011

Física Cuántica

Einstein vive en Boedo. Sube con un changuito en el 133 y la boletera no le toma las monedas. Intenta exponer la Teoría de la Relatividad. El chofer, incommovible, lo hace bajar en la parada siguiente.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Iluminada y eterna


Recién sale de la peluquería. Sube radiante al 134.
"Como rayos de sol", así le quedaron las mechitas rubias sobre el cabello renegrido y lacio.
"Mejor que estoy redondita" y se calza los chupines antes de sentarse. Los labios gruesos. La camperita negra de ciré.
Las manos llenas de anillos.
"Me sacan la ficha por las manos". Si no fuera por esas manos rudas, como las de su padre, cosechero de algodón, casi nadie se atrevería a dudar de Shirly. Y Diego, el nombre del documento, sería sólo un error administrativo del empleado del registro civil de Charata.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Yo tuve la mejor



Lleva en la mano una sola flor. Blanca. La huele y sonríe. El es tan joven.
Le tira un beso.
El 12 arranca veloz y apenas deja de divisarlo. Deja la rosa en el asiento. Y se baja Córdoba, donde la espera su otro admirador.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Joyce baja en Pompeya


"- Voy a llevar un libro, el Ulises de Joyce, en la mano."
Además lleva un ramo de jazmines.
Todavía conserva el aspecto de un hippie. El pelo largo, ya gris, y los lentes de metal, casi como los de Charly García.
Se lo ve expectante, mira por la ventana.
A pesar de que en el puente Gerli se desocuparon varios asientos, no se sienta.
Apurado, se baja en Pompeya y corre al bar de Roca y Saenz donde lo espera – o eso cree- Negra, su cita a ciegas. Esa chica con la que chatea hasta tarde y que le dijo que estudia letras, y quiere irse a vivir al sur.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Del extraño caso del chofer que leia el pensamiento


Era tarde. Salian apurados, casi que corrían. En la esquina, esperándolos, como si supiera de su demora, el interno 24 de la línea 107, no avanzaba a pesar del semáforo en verde. Los esperaba.
Subieron agradecidos y riendo, como siempre. El chofer, sonreía mientras los miraba por el espejo.
Cuando enfiló para Mataderos, uno de ellos se agachó - es tan alto Luiso- para ver por donde andaban. Azorado, escucha:
- Francisco de Balboa, es la que sigue.
Todavía no comprenden como lo sabía.
Pensaron en buscarlo nuevamente, para preguntarle cosas interesantes acerca de su porvenir - como por ejemplo, los números del loto, o la aparición del amor en sus vidas-.
Ahora comprenden que el letrero "Indique su destino" , que se muestra para sacar boleto, no es para los pasajeros.

martes, 13 de septiembre de 2011

Freak (interno 39)


Lo mejor del 12 es que conocés gente.
Rodolfo, pasado de alcohol que regula la bajada por la puerta del medio, y habla con Naná con demasiado halopidol pero atenta.
En el centro, está Sombra, el adolescente dark de Barracas, con su tapado laguísmo y un dedo de plata, charlando con Gladys que le cuenta que lee la biblia arriba de sus dos enormes tetas que asoman desde una remera con puntilla dorada.
Juan José se puso chambergo de fieltro y pañuelo rojo, el saco no le cierra y mira atónito como ese pendejo raro se chamuya a la de los pechos grandes.
El resto somos los freaks de siempre, nómades urbanos que oteamos por el hombro por un asiento vacío, mientras el chofer, nos pide que demos un pasito mas, que al fondo que hay lugar.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Putos Patoteros


Los dos jóvenes cool, salían del recital:
- Loco, no se puede ir a ver mas a Babasónicos, está lleno de putos.

Los putos, sólo se miraron. Y, eran como quince. Decidieron seguir a los chicos, sólo seguirlos de cerca.

Los dos jóvenes cool, tan viriles, tan machitos, empezaron a caminar cada vez más rápido. Se perdieron justo cuando Carlos Calvo se cruza con Paseo Colón.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Te releo


En el silencio de la madrugada te pienso y te releo.
Puedo entonces, saber, a través de la lectura de tu pelo, que tus ojos tienen ese color-a veces azul cielo-y que tu boca, rojo púrpura mezcla con la lectura de tu pequeña nariz, la mujer de mi ensueño.
¡Ojo! porque no me olvido de leerte también las orejas o la pera que se adelanta siempre para frenar mi ímpetu, pero se raspa entera.
Puedo leer también tus suaves manos, puedo leer que pasaron incólumes por el fregadero y la cocina.
Puedo leer tus pies, que tan pequeños han caminado tanto.
Y vuelvo a releerte porque no puedo dejar de hacerlo y leer tus caderas, que revestidas de una hermosa piel gruesa, aguantan las caricias.
Tu espalda es de lectura complicada porque tus hombros rivalizan, el ancho andar de tus caderas.
Releo entonces el contraste que se produce entre la suavidad de la piel de tus manos y la dulzura áspera de tus muslos.
Releo el mohín de tu boca cuando quiere acentuar que no le importa.Tu entrecejo fruncido ante la duda de saber si me quieres

Roberto Barrientos ( 1940-2010)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Fauna cadavérica


La noche está en pañales y ella lo agarra y no lo suelta ( ella es mayor, el es normal).
Otra mujer exhibe impúdica sus muslos, gordos, rosados.
Dos hombres opulentos, canosos, orondean a dos mujercitas del adiós que se contonean frente a ellos, mientras piden mas Baron B y mousse de chocolate.
En el escenario el cantante les dice que van a hamacarse baby.
El calor aprieta, y el mozo, sólo desea que todo esto termine, para fumarse un porro en la terraza, acariciar al perro. Y dormir.