miércoles, 7 de septiembre de 2011

Te releo


En el silencio de la madrugada te pienso y te releo.
Puedo entonces, saber, a través de la lectura de tu pelo, que tus ojos tienen ese color-a veces azul cielo-y que tu boca, rojo púrpura mezcla con la lectura de tu pequeña nariz, la mujer de mi ensueño.
¡Ojo! porque no me olvido de leerte también las orejas o la pera que se adelanta siempre para frenar mi ímpetu, pero se raspa entera.
Puedo leer también tus suaves manos, puedo leer que pasaron incólumes por el fregadero y la cocina.
Puedo leer tus pies, que tan pequeños han caminado tanto.
Y vuelvo a releerte porque no puedo dejar de hacerlo y leer tus caderas, que revestidas de una hermosa piel gruesa, aguantan las caricias.
Tu espalda es de lectura complicada porque tus hombros rivalizan, el ancho andar de tus caderas.
Releo entonces el contraste que se produce entre la suavidad de la piel de tus manos y la dulzura áspera de tus muslos.
Releo el mohín de tu boca cuando quiere acentuar que no le importa.Tu entrecejo fruncido ante la duda de saber si me quieres

Roberto Barrientos ( 1940-2010)