sábado, 12 de noviembre de 2011

Bien, damas y caballeros


-Bien, damas y caballeros, muy buenas tardes.

-Me permito distraer dos minutos de su amable atención, en este medio para ofrecer directamente de fábrica y sin intermediarios esta increíble oferta:

-Se trata ni más ni menos de un producto totalmente hecho a mano con finas terminaciones en materiales naturales y con un diseño absolutamente exclusivo para cada uno de ustedes, se trata señores, de la expendedora de destinos.

-Si, tal como ustedes pudieron escuchar, los más diversos destinos: aciagos, gratos, imprevisibles, imprescindibles para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.

-Sin ir más lejos, usted señora, usted señor, puede elegir un destino a su medida, justo aquel que le llevaría a evitar las mas amargas consecuencias.

-Pongamos por ejemplo, que tiene la necesidad imperiosa de no regresar jamás a su  trabajo, el que considera un verdadero antro de rutina. Simplemente pulsando la botonera, este medio de transporte lo llevará a Villa Riachuelo donde conocerá a una banda de delincuentes que lo contratarán como campana de sus robos, dando a su vida un nuevo destino y evitando el engorroso trámite de la renuncia, el telegrama en correo argentino y las explicaciones a parientes y amigos.

-O tal vez, su amor se debate entre dos mujeres o mas, pulsando la botonera otra vez, puede ocurrir que un rayo la parta a una, otra se enamore perdidamente del portero del edificio y la tercera quede rendida a sus pies – en este caso, usted deberá aceptar a esa tercera hasta que, nuevamente se vea en un brete similar. Sin que usted pase horas insomne tratando de optar entre quienes ama.

-Lo interesante de esta expendedora de destinos es que pueden cambiarse cuantas veces se lo desee. Y es ahí donde usted, señora, usted señor, tiene la posibilidad de tomar la decisión.

-Paso a entregar algunos destinos, pueden verlos, revisarlos, sin compromiso de compra.

-Si alguien desea adquirir  este maravilloso invento no tiene más que solicitármelo, indicando su destino al chofer tal como reza en el display de la expendedora.

-Todo eso al irrisorio precio de 1 pesito nada más en la capital y un poco más para el Gran Buenos Aires por los gastos de envío.

 - El joven de anteojos quiere uno, ya voy.

 - El  señor de barba, sí,  como no...

- ¿Para qué otra persona más?...


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