viernes, 24 de febrero de 2012

Muñecas Bravas

La nocturnidad urbana es masculina.
Esto se hace evidente cuando en el 168 pasada la medianoche, una advierte que es la única mujer entre un colectivo repleto de hombres.
Y esta evidencia se refuerza cuando ya en la calle, en las esquinas o en los bares, no hay mujeres solas, hay hombres solos.
Es entonces cuando una advierte que debe caminar unas ocho cuadras en soledad y que la mejor forma de hacerlo es con una marcha continua y sin miedo. Preferentemente con un cigarrillo encendido y cantando en un tono medio.
La falta de miedo es la clave. Porque las mujeres que andamos solas por las calles, no tememos a un asalto, concretamente, tememos un manoseo, una tocada de culo, un pete forzado, una violación.
Es fundamental también orientar la mirada hacia la nada, así como - dentro de lo posible- no llevar faldas esas noches. Una es más vulnerable con pollera, tanto a las intenciones masculinas como al viento.

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