miércoles, 28 de marzo de 2012

Calle Sorpresa

Chola de la Calle Sopresa
Patricia Salatino -Acuarela
En Tilcara hay una calle que se llama Sorpresa. Son sólo dos cuadras y
en una de ellas hay una casa anaranjada.
Los que caminan por ella, dicen que es la calle de lo inesperado.
De repente, detrás de una ventana, un perro con anteojos mira en
detalle “El tribuno” de Jujuy. Una chola muestra su portaligas. Un
remolino de azúcar envuelve a los transeúntes y los arroja a las
abejas. Algunos que han pasado más de una vez dicen que las casas se
cambian de lugar, que la casa del Cholo está un día al lado de la
esquina y otro, a mitad de cuadra.
En la calle Sorpresa nadie planifica nada, ni la ropa que va a ponerse
al día siguiente, ni las compras, ni la comida, porque les gusta
sorprenderse a sí mismos, vestidos de arlequines, de musa inspiradora
o de duende europeo.
Dicen que una vez pasó John Lennon otra, Gatica y una tarde se lo vió
al mismísimo Belgrano comprando una Coca Zero en un puesto de
verduras.
Lo cierto es que sus habitantes son libres. En la calle Sorpresa no
existe el reloj, la gente no tiene rutinas y deja que las cosas pasen
así como vienen. No acumulan experiencia porque están convencidos de
que eso los envejece. No tienen expectativas y por lo tanto no tienen
decepciones.
Las sorpresas, ya sean buenas o malas son vividas como algo pasajero.
Como nosotros.

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