domingo, 29 de abril de 2012

Acerca de los lectores de bondi

Los lectores de bondi son seres pretenciosos. No se conforman con leer humildemente el Diario Popular y solazarse con la imagen de la chica de la contratapa. Estos lectores tienen veleidades intelectuales. Escogen cuidadosamente los libros que los acompañarán en el viaje. Estos son signos de prestancia, orientan a los pasajeros acerca de sus preferencias literarias y, en muchos casos, tienen una misión ilusoria:  establecer una conversación con una persona del sexo opuesto. De este modo, ese libro sería el anzuelo para la pesca de  un acompañante ocasional que les alegre la mañana y ¿por qué no? la noche.
Por eso, se refugian en los asientos del fondo, y colocan el libro de manera que pueda ser visto por los demás. Leen y esperan. Al llegar a destino, casi siempre descienden por la puerta trasera, solos, ligeramente decepcionados pero con la esperanza de que en el viaje de regreso, hallarán -como en los cuentos que leen- el amor de sus vidas.

viernes, 27 de abril de 2012

La cofradía de la flor lunar

Dicen los que saben que los choferes del turno noche, son cofrades. Eligen las horas oscuras para iluminarse con música. En esos momentos menos bulliciosos, con poco público, manejar un bondi es una excusa para escuchar eso que les gusta,  y el viaje es una road movie.
Tal es el caso del interno 15 de la 102 que cada noche escucha completa la discografía del Indio Solari para beneplácito de algunos pasajeros. Y es posible oirlo cantar ( " Yo soy mis sueños. ¿Y vos? vos sos tu sueño sin fin!"  ).
O el del conductor de la 12  que va de Sumo a Divididos como de Palermo a Barracas. Y repite con los pies rítmicos sonidos en los que se imagina baterista de Mollo.
Los de la línea 8 prefieren a Manal y "caminan una calle sin hablar, Avenida Rivadavia".
Tienen un juramento de honor, nunca pasan cumbia. Y, si alguien los pesca oyendo a Arjona son condenados a trabajar de día y el único sonido permitido es el monocorde pitido de la máquina expendedora de boletos.

domingo, 22 de abril de 2012

Acerca de los riesgos de la convivencia


-         Y dígame Oliverio ¿Cuándo empezó esta sensación?
El Paseo ( Marc Chagall)
-         Al principio era todo fascinación. No me importaban sus extremidades de palmípedo, y hacer el amor volando era maravilloso. Pero después de vivir un tiempo juntos, sus recelos sulfurosos empezaron a irritarme.
-         ¿Cómo?
-         Imagínese Dr. Freud. Desde el cielo, ella tenía un panorama completo de cada uno de mis movimientos y si, por ejemplo, le leía un cuento a mi ocasional compañera de tranvía,  María Luisa arremetía en picada desde el aire, furiosa. Me quitaba bruscamente el libro y lo rompía en mil pedazos.
-         ¿Qué hacía usted en ese momento?
-         Lloraba a chorros, a lágrima viva. Después venían sus labios por entregas. Y yo, que estaba ávido de beber de su boca, sentía tristeza, si, esa es la palabra.
-         ¿Intenta hablar con ella de ese tema?
-          Hemos llegado a un punto en que me molesta su aliento pesticida, su nariz de zanahoria y su cutis de papel de lija. Además, eso prepararme el baño, la camisa, en pleno vuelo hace que mis solapas queden desprolijas.
-         Pero usted no se fijaba en esas cosas, recuerdo.
-         Tal vez antes, ahora …ahora... quiero una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo. Y mi María Luisa se me escapa, se me escurre, prefiere volar sola. Creo que ya no me ama, que disfruta de sus vuelos a solas o temo lo peor: que haya encontrado un hombre volador. Me obsesiona el sólo intuirlo.
-         Oliverio, estamos sobre la hora, dejamos acá.

Y el Dr. Freud abrió la ventana, desplegó sus alas y voló.



"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

( Oliverio Girondo)

jueves, 19 de abril de 2012

Un pibe con la remera de Green Peace

A la hermana Isabel le tocó barrer la vereda esta mañana. Ya es otoño y las hojas amarillas llenan las baldosas de la calle Constitución.
A Hernán la tocó dormir en la vereda esta mañana. Ya es otoño y consiguió un colchón que es más amable que las baldosas de la calle Constitución.
La hermana pasa la escoba suave alrededor del las mantas mugrientas que lo tapan. Lo mira.
Él no se da por aludido y sigue tirado ahí, en el piso, cubierto también por una capa agujereada de las mismas hojas amarillas que la monja desparrama, distraida, pensando que, tal vez, sería conveniente invitarlo a entrar, ofrecerle un mate cocido y compartir su soledad.

( Está dormido, finje que duerme, llega una mosca y se posa en su boca)

martes, 17 de abril de 2012

Días de radio

Mamá - que por ese entonces era mamá y no mi vieja- planchaba en la mesa de la cocina a la hora de la siesta. Mamá odiaba planchar. Por eso, mientras repasaba remeras, camisas y calzoncillos escuchaba la radio.
En la mesa de la cocina al costado de la frazada de plancha, estaba la Spica. De la Spica salía la voz del Negro Guerrero Marthineitz que se reía raro. De vez en cuando me llamaba para que escuchara las canciones de Gabilondo Soler. Y yo, en puntas de pie miraba la plancha deslizarse, mágica, al ritmo de la música.
La radio se convirtió en un elemento omnipresente en mi vida, y hoy, me sigue pareciendo como un salvoconducto de la rutina,  que me retira de esos lugares en los que mi cuerpo no quiere estar, hablándome, cantándome suavecito al oído. Y soy yo la que me deslizo mágica, sobre las avenidas, como la plancha de mamá, al ritmo de la música.

lunes, 9 de abril de 2012

Acerca de los significados de las palabras



Ayer resonó en boca ajena la palabra fracaso.
Hoy desperté – como diría Cerati- con la idea de que estamos colonizados hasta en los rincones  más alejados de nuestro bien amado cerebro y por qué no de nuestra bienvenida alma.
La palabra fracaso tiene como antónimo el éxito. Y no hablo de una marca de cuadernos, sino de la idea de que todo lo que hagamos debe ser exitoso. 
Prefiero hablar de deseos frustrados, de pasiones inconclusas, en lugar de la demoledora situación de fracaso.
Hoy desperté  con la idea de que el fracaso - en mí diccionario - tiene un sólo significado: no intentar.
(Ladran Sancho, señal que cabalgamos)

jueves, 5 de abril de 2012

Acerca de las mujeres con huevos...

La Carola vende salchipapa en la plaza de Tilcara.
La Carola es de esas minas que saben lo que quieren y decidió hacer la suya, a pesar de las malas lenguas.
Porque, aunque en su documento dice que es varón, ella sabe muy bien que ella es la Carola, y que de todos los puestos de salchipapa, en el de ella siempre hay más gente.
Porque los hace más ricos y porque tienen estilo, como su pelo, ligeramente ondulado y  brillante que enmarca su rostro andino, lleno de paz y de silencio.

lunes, 2 de abril de 2012

Acerca de los Hombres Tango


Pueden localizarse en cualquier parte del mundo y muestran su tendencia a partir de los 25 años.
Son esos hombres que se  lamentan todo el tiempo que pueden de las desgracias que han rodeado su existencia: "la mina que los dejó", "el amigo que los traicionó", "la guita que no alcanza" "el rojo perdió el invicto". 
Se regodean en esa queja donde "la vida es una herida absurda", y todo todo todo es malo. Casi siempre sus historias vienen con  moraleja y tienen una fuerte tendencia de decirte "piba" o "pibe" según el caso.
Algunos se refugian en el alcohol, otros en el laburo y otros, en la casa de la vieja.
Se detectan fácilmente, les gustan las melodías en tono menor con letras que confirmen su mirada húmeda.
Aconsejo rajarles a esos melancólicos profundos. Muy pocos saben que son vampiros de energía y que su postura depresiva constante es sólo una excusa para justificar sus inseguridades. 

domingo, 1 de abril de 2012

Acerca de las formas no convencionales de viajar

 Y Nacho vino igual a la procesión, urgido por necesidades del alma.
Él sabe - como yo también lo sé-  que el cuerpo a veces nos juega trampas, pero no es un impedimento para realizar sueños.
Debe ser por eso que,cuando esta mañana forzaron la cerradura de la habitación, no sentí miedo.
(¡ Era yo! ¿No te diste cuenta? Soñé que entraba a la habitación 3 rápido, para agarrar mi siku, la banda ya se iba para el cerro. No entré porque sentí que algo me llamaba desde el pukara....)