viernes, 27 de abril de 2012

La cofradía de la flor lunar

Dicen los que saben que los choferes del turno noche, son cofrades. Eligen las horas oscuras para iluminarse con música. En esos momentos menos bulliciosos, con poco público, manejar un bondi es una excusa para escuchar eso que les gusta,  y el viaje es una road movie.
Tal es el caso del interno 15 de la 102 que cada noche escucha completa la discografía del Indio Solari para beneplácito de algunos pasajeros. Y es posible oirlo cantar ( " Yo soy mis sueños. ¿Y vos? vos sos tu sueño sin fin!"  ).
O el del conductor de la 12  que va de Sumo a Divididos como de Palermo a Barracas. Y repite con los pies rítmicos sonidos en los que se imagina baterista de Mollo.
Los de la línea 8 prefieren a Manal y "caminan una calle sin hablar, Avenida Rivadavia".
Tienen un juramento de honor, nunca pasan cumbia. Y, si alguien los pesca oyendo a Arjona son condenados a trabajar de día y el único sonido permitido es el monocorde pitido de la máquina expendedora de boletos.

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