domingo, 9 de septiembre de 2012

En el nombre del padre

Ante la negación del nombre de su padre, varios notables - hombres sensibles de este mundo-  decidieron presentarse en el conventillo de la calle General Urquiza y encargarse del asunto.
Fue así que el propio Roberto Arlt, le sugirió que sería un honor ser su tocayo.
Luego vino Spilimbergo, Marechal, el propio Sarmiento, Modigliani  y Nicolás Guillén. Reclamó un espacio Vivaldi y le fue dado, así como a Jorge Cafrune y a Gauguin. Se presentaron Mariátegui, Fanon, Fidel Castro, Gatica y José Hernández.
Definitivamente, el consagrado fue Martínez Estrada.
No había rivalidades entre estos hombres que poblaron la vida de Roberto, mi padre sin padre y con tantos padres elegidos. Desde la más temprana infancia, estos señores se avocaron a la tarea de dar consejos tales como ser libre, paladear de la vida y mirar con irónica ternura a quienes se creen cultos por ostentar títulos de nobleza.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero nunca un cura padre, a pesar de que dice fue monaguillo.

Barracuda dijo...

Es cierto. Muy psicoanalítico su comentario anónimo.

Sibila dijo...

Sencillo: me emocionó. Dice y dice bien. Con belleza. Con amor. Yo lo sentí así siempre, pero no hubiera podido sintetizarlo con tanta armonía y limpidez. Gracias