jueves, 14 de marzo de 2013

Una mujer detrás de un vidrio empañado

"Hacer el amor es una prueba de Dios". Alicia lo repite como un mantra cada noche después de ser molestada por su esposo. Se levanta de la cama,  corre al baño y frota frenéticamente su sexo con esponja y jabón. Se lava el dolor.  Se alivia la una tortura que la acosa hace años.
Se pone el camisón y la bombacha amplia, que la protege de la lascivia mundana. Se cuelga el crucifijo de plata. Reza tres rosarios. Y ruega que al regresar al lecho él ya esté dormido.

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