sábado, 27 de abril de 2013

Dulcinea de Tapiales

En un lugar de Tapiales de cuyo nombre no quiero acordarme, vive una mujer que se construye con la mirada de los hombres.
Dulcinea se levanta desdibujada, plana, el pelo ralo, la mirada cansina. Se pone lo primero que encuentra, se toma dos mates y sale a trabajar.
En la esquina se cruza con el diariero y su cabellera se expande sedosa y reluciente.
Unos metros más adelante saluda a su vecino, el del perro negro, y sus ojos se almendran cautivantes.
Los camioneros la convocan a los gritos y el pantalón deportivo es ahora una falda vaporosa que insinúa la continuidad de sus piernas hacia la cintura.
Cuando saca el boleto del bondi, la sonrisa del chofer permite que resplandezcan sus pechos debajo de la blusa. Uno o dos pasajeros completan el paisaje de su cuerpo.
Cuando desciende a la ciudad, destella entre la multitud. Cenicienta devenida princesa, hasta las 20 horas. Cuando regrese a casa.

1 comentario:

Sybila dijo...

Es poesía pura. Me gustó un montón.
Gracias ! Sybila