viernes, 30 de agosto de 2013

La hija del fletero


- Debo confesarle, Armando que los días de calor me gustan porque puedo andar desnuda  por la casa.
-Así como lo escucha, si. El pelo mojado, la piel húmeda y  los pies un tanto fríos. Preparo el mate, cuelgo la ropa en el balcón y siento el viento tibio como una caricia.
-Me reconozco.  No estoy tan mal ¿verdad? – Paso una emulsión con perfume de violetas que me trae mi madre por cada uno de los rincones de mi cuerpo.  Recorro los intersticios de los dedos,  las rodillas, el rostro, el contorno de la boca, acaricio mis párpados, mi nuca – ahí coloco una gotita de aceite de limón para la buena suerte -,  planteo la turgencia de mis piernas, la curva de mi cintura, la sutil redondez de mi panza.  Después  ¿ vio? A regañadientes me voy poniendo ropa,  la que me dejo preparada del día anterior.
Armando está sentado en un sillón, de espaldas a Isabel , lee una revista de deportes sin levantar mirada.
- Me voy yendo- toma su bastón blanco, se para frente a él. Le acaricia la cara, la toma  entre sus manos y le avisa articulando despaciosamente cada sílaba: “el au-dí-fo-no- es-tá -en-la me-si-ta –del- co-me-dor.”
Isabel se ríe a carcajadas y sale a ganar la calle tanteando  superficies, pisando con cuidado.  Segura de que, detrás de esas gafas oscuras hay una mujer osada, linda, infinita. Segura de  que antes de llegar a la esquina algún galán ofrecerá cruzarla del otro lado de la avenida.
( Pero a los ciegos, no le gustan los sordos...y un corazón no se endurece porque sí...I.S)

martes, 27 de agosto de 2013

Amor y anarquía

Todo lo que la  vida le había dado de bellos ojos azules, de cabello rubio y voz entonada se también se lo había dado de cabrón.
Tenía catorce años cuando una sierra le arrebató tres dedos en la carpintería, allá en Alcira, Valencia. 
Fue casi de golpe que entendió que los laburantes llevan las de perder, que el mundo tal y como está debía ser más justo, y que la justicia tiene una bomba debajo del brazo.
Fue casi de golpe que cruzó los mares, escapando de los deberes que el Estado le imponía, objetor moral del servicio militar, la escuela, el registro civil, su juntó con otros como él por este lado del Plata.
Ismael, el que repartía Tierra y Libertad , el que todos los 1 de mayo se iba a Plaza Lorea a reclamar derechos para los trabajadores, un día como hoy, protestando como siempre, se dormía mientras mi vieja, le cantaba suavecito y le acomodaba la almohada. 
El cielo de los anarquistas ateos, lo estaba esperando cantando al  unísono y en todos los idiomas que a los hijos el pueblo los oprimen cadenas y que antes que esclavos prefieran morir. Desde allí, siguen conspirando para derrocar a Dios y demostrar de una vez por todas que no existe.

jueves, 22 de agosto de 2013

Versayes

Es la casa de Versailles y huele a música. 
Polo  desatormenta a los mangos con Zepellin y Ezequiel  subyuga con el crimen de la nursery allá, donde venden Inglaterra tan sólo por una libra.
Miguel dice buen día al día. 
Federico nos cuenta su luna de miel. 
Tímidamente me acerco cerca del abismo, para ver a las estrellas como diamantes locos.
Hay milanesas, sánguches de lechuga, facturas de crema pastelera y mate. Un durazno desarma y sangra.
También hay patchouli en aceite y carpinteros y topper rojas. 
Hay besos y amores y amigos.
Todos los caballos blancos corren en la terraza. Como una patineta verde que promete conducir al país de la libertad. 

martes, 13 de agosto de 2013

Total interferencia

Desnudos. 

Frente a frente.
Se ríen mientras fuman.
Un hilo los sostiene.
La hebra que une los ojos enfrentados.
No hacen falta palabras.
No hacen falta más gestos de amor.
No piden nada más.
Ese momento redime los malestares de la ciudad, la voz del jefe, la plata que no alcanza.
Juegan a que se quieren para siempre.

Y en la radio suena un violín.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Kairos

El sol clarea despacito los cerros. Casi con ternura. 
Cuidadoso.  
Su tarea. 
Anunciarse sutil en la mañana. 
Acariciar las pieles. 
Desperezar girasoles. 
Encender los candiles detrás de los párpados. 
Hacerse sentir sin estridencias.  
Estar. 
Presentarse en la ventana de los hombres y de las mujeres  anunciando que hay una nueva oportunidad. Ocasión única en desmedro del tiempo.