lunes, 28 de octubre de 2013

La sed verdadera


Ávidos de amor,
bajamos presurosos escaleras al cielo,
dejamos vueltos de sobra a los vendedores ambulantes,
acariciamos perros desconocidos,
cedemos el paso a los ancianos.

Desmesuradamente ávidos de amor,
leemos cartas viejas buscando la señal perdida,
miramos el espejo de Alicia,
escuchamos, otra vez, Penny Lane, y
abrimos las ventanas
aguardando el paso de ese extraño que descubra
nuestra sed verdadera.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Halo lunar

A menudo se han atribuido potencialidades prodigiosas a la luz de la luna. Transformaciones de hombres en lobos, invocaciones a los espíritus de la noche o aquelarre de gatos en celo.

Lo que no se cuenta es que la luz de la luna permite detener el pensamiento. 

Una sola exposición de cinco minutos a su fulgor,
basta para que los recelos se acallen, las deudas se cancelen y las suegras desaparezcan.
Las razones para no divulgar este poder son de orden mercantil. Si todos los atormentados salieran a mirar fijamente la bóveda celeste, los laboratorios dejarían de vender tranquilizantes y sus ganancias irían menguando, como la luna, en las semanas siguientes al plenilunio.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Un sillón de madera noruega

Dicen los vendedores de muebles que  existe un sillón confeccionado en madera noruega que tiene características extraordinarias. Es sensible a las personas que reposan en él y genera efectos inesperados.
Si una pareja reticente al cariño se sienta en él, exuda el perfume del almizcle y las rosas e inmediatamente los sujetos en cuestión estarán prodigándose caricias, besos y  enseres varios propios de la pasión. 
En otras situaciones  emana olores nauseabundos y las personas allí sentadas comienzan a acusarse entre sí como causantes del repugnante olor. Todo termina en trifulcas desmesuradas en las que se invocan deudas antiguas e indignidades históricas que se mantenían ocultas en nombre del ceremonial y protocolo.
A los cansados les convida aromas a café y se ahueca mullido, invitándolos al reposo.
Los niños conocen su mejor versión: se torna cama elástica y con cada salto salpica pompas de colores, aroma a chicle de tutti frutti y música de películas. Cuando este sillón se aburre de tanto bullicio emite gritos amenazantes que les recuerdan cumplir con la tarea escolar o las actividades hogareñas y los pequeños huyen despavoridos.
Sus acompañantes favoritos son los lectores solitarios. A ellos les reserva el silencio y un suave abrazo contenedor en aquellas partes donde el relato se torna angustiante.

Algunas malas lenguas señalan que cuenta con un mecanismo para producir el descanso eterno pero no hay testigos y ninguno de los reposadores de turno sobrevivió para contárnoslo.