miércoles, 16 de octubre de 2013

Halo lunar

A menudo se han atribuido potencialidades prodigiosas a la luz de la luna. Transformaciones de hombres en lobos, invocaciones a los espíritus de la noche o aquelarre de gatos en celo.

Lo que no se cuenta es que la luz de la luna permite detener el pensamiento. 

Una sola exposición de cinco minutos a su fulgor,
basta para que los recelos se acallen, las deudas se cancelen y las suegras desaparezcan.
Las razones para no divulgar este poder son de orden mercantil. Si todos los atormentados salieran a mirar fijamente la bóveda celeste, los laboratorios dejarían de vender tranquilizantes y sus ganancias irían menguando, como la luna, en las semanas siguientes al plenilunio.

1 comentario:

Un punk ignorante dijo...

Es cierto, mirar la luna es relajante. Lo he podido comprobar.