lunes, 28 de octubre de 2013

La sed verdadera


Ávidos de amor,
bajamos presurosos escaleras al cielo,
dejamos vueltos de sobra a los vendedores ambulantes,
acariciamos perros desconocidos,
cedemos el paso a los ancianos.

Desmesuradamente ávidos de amor,
leemos cartas viejas buscando la señal perdida,
miramos el espejo de Alicia,
escuchamos, otra vez, Penny Lane, y
abrimos las ventanas
aguardando el paso de ese extraño que descubra
nuestra sed verdadera.

1 comentario:

-GF- dijo...

Ávidos de amor?
solo aquellos que alguna vez logramos enamorarnos del amar, sabemos cuánto es el peso de dicha "necesidad"...amar