miércoles, 27 de noviembre de 2013

Puentes amarillos

En la Isla Bonita alcanzar la belleza lleva tiempo. Sucede que sólo los más arrugados, mas obesos y calvos son aclamados como poseedores de la hermosura.
Esa es la razón por la que los jóvenes desean crecer rápidamente procurando llevar una vida lo más desordenada posible, comen y beben con todos los excesos, se pasean desnudos anhelando que el sol agriete su piel lo antes posible, nunca limpian sus dientes y tratan de tener una vida sedentaria.
Cuando los isleños cruzan los puentes amarillos y van a las ciudades, se burlan a risa limpia de los cuerpos delgados, los rostros frescos de los adolescentes, la turgencia de las carnes de las bailarinas. Nunca falta el insolente que piropee a una jubilada que espera en la fila de un banco o las atrevidas que rozan a los ancianos que ven pasar la tarde en la vereda de un geriátrico.
Geronte es la mejor palabra para calificar a una persona y ser joven es casi un estado detestable.
De este modo el sentido de la vida cambia, el optimismo rige el paso del tiempo, casi como en esa canción del juglar mágico que canta que “mañana es mejor” y la esperanza redime los achaques.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Acerca de los hombres herméticos

Estos hombres se asemejan a una caja fuerte. Sólidos, atractivos y misteriosos. Suelen presentarse excesivamente amables, hacen buenos negocios, tienen buenos modales, pero...apenas aparece un atisbo de indagación acerca de sus sentimientos, se blindan, dejando en ascuas a los interlocutores de turno.
Ya sea por miedo, por inseguridad o por capricho, sólo ellos tienen la clave para abrir la puerta de sus almas. En muchos casos, han permanecido cerradas tantos años que ya ni la recuerdan. Esos son los peores.Cuando deciden arriesgarse a la apertura de esa mole de hierro intentan una serie de combinaciones aleatorias de números y letras que resulta infructuosa y con consecuencias irremediables: el mentado interlocutor ha perdido las ganas y se ha entusiasmado con el primer poeta de alma descarnada que se le cruce en el camino, con quien huye sin ni siquiera despedirse con una esquela elegante.
Finalmente optan por rodearse de gente de su estilo. Los intercambios que realiza con ellos son de una superficialidad supina pero con el disfraz de reflexiones pseudofilosóficas mediáticas.
Aconsejo retirarse a tiempo de estos ejemplares. La caja de marras puede encerrar un gran tesoro, pero, en la mayoría de los casos, está vacía.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ver llorar

A nadie le gusta ver llorar. Incomoda. Perturba.
Los sollozos promueven las conductas más insólitas en sus observadores.
Tal es el caso de Clodomiro que, ante las lágrimas de Dorotea, enhebra impertérrito los anzuelos para su pesca diaria, fingiendo que nada está pasando. O Leonor, que corre tras cualquier lagrimeador con un pañuelo y un caramelo de menta.
Lo que pasa con los muertos es distinto. Lloramos a los que queremos cuando no están para evitarles el mal trago de no saber qué
hacer frente a nuestro llanto y de ninguna manera por arrepentirnos de no haberles dicho cuánto los amamos en la cara, a rostro pelado, a chorros, a lágrima viva, durante  - al menos -  tres minutos.