lunes, 9 de mayo de 2016

Fervor de Buenos Aires

Una muchacha huele a palo santo en el 102. La calle San José es entonces un corredor sagrado. Los camiones de basura exhalan mirra e incienso. Las travestis se cubren con mantillas las cabelleras y las llenan de flores de papel.
La noche anaranjada de sodio se bendice a sí misma. Una garúa tenue y voraz challa los corazones de los cartoneros. Hay reparto de panes y de peces en las esquinas custodiadas por ángeles sin alas.
Desde el balcón de un conventillo el padre de Damián eleva el sermón del sur al viento norte.
La procesión se inicia con Fefita la grande a la cabeza de cuatro peluqueras del caribe.
Es sábado, hay rock y ensoñación, hay merengue y bachata y birra y faso.
La policía prefiere camuflarse entre los vendedores ambulantes de historietas y lupas de colores.
Y el diablo, siempre el diablo, se agita a pocas cuadras en los dockes del puerto.

Nadie teme a la muerte en estos pagos.
( Imagen Luis Alberto Fazio, 2016)